domingo, 12 de febrero de 2012

PENDIENTES DE LA REFORMA DEL ESTADO

PENDIENTES DE LA REFORMA DEL ESTADO (*)
Ignacio Pinacho
09/02/2012

Acertadamente Luis F Aguilar Villanueva señala que el concepto de Reforma del Estado es muy extenso, ya que incluye gran cantidad de temas que pertenecen a los ámbitos de política económica, política social, administración pública, política electoral, a la naturaleza del Estado. El concepto no es limitado al ámbito político como suele ser entendido por algunos actores políticos.

Por otra parte, es pertinente señalar que la reforma del Estado es y ha sido un proceso gradual pero continuo que se ha venido desarrollando de manera destacada en las tres últimas décadas, a través de significativas reformas que han dado vida a un nuevo régimen económico, social, político, judicial e institucional. No es como erróneamente algunos sectores de la clase política la conciben, que la gran reforma del estado aún está por venir, sin señalar específicamente que entienden por ello. No hay sustancia solo reiteraciones de lugares comunes.

Muchos cambios que el Estado Mexicano ha tenido en los últimos tiempos han sido sustantivos. El más significado, sin duda, el nuevo régimen electoral con instituciones propias, que permitió dejar atrás un régimen político autoritario y estableció el pluralismo partidista y desencadenó un nuevo equilibrio entre los poderes de la unión; en suma, un nuevo régimen esencialmente democrático. En otros ámbitos los cambios también han sido significativos, por ejemplo, la transformación de la Suprema Corte de Justicia en un Tribunal Constitucional, la autonomía del Banco de México, la creación de la CNDH, de la Auditoria Superior de la Federación, del Instituto de Acceso a la Información Pública Gubernamental, la creación de instituciones y legislaciones contra la discriminación y en pro de la tolerancia, el empoderamiento de las mujeres y la equidad de género, los derechos sociales, ambientales y de los pueblos indígenas.

Estos logros han ido prefigurando una nueva relación entre el estado y la sociedad, y el desarrollo -aunque incipiente- de una nueva cultura política, de carácter democrática. También es preciso decirlo, muchos cambios e instituciones requieren de un nuevo relanzamiento y abordar varias asignaturas pendientes como las relaciones laborales, sindicales, las del sector de telecomunicaciones, energético, hacendaria; las del ámbito de la seguridad pública, la procuración de justicia y otras de tipo electoral.

Desde nuestro punto de vista son dos las asignaturas que deben ser una prioridad para robustecer al Estado como un ente eficaz y provisto de los instrumentos necesarios para enfrentar los retos que más apremian a la política y a la sociedad. Me refiero a la reforma del régimen político y al diseño de una política fiscal de estado.

Sin duda, nuestro régimen político necesita una gran reforma que se traduzca en una mayor corresponsabilidad, porque el actual régimen presidencial ni es el todo poderoso que muchos alegan como tampoco el Congreso de la Unión es lo débil que pareciera, tanto así que el primero suele ser bloqueado en muchas de sus iniciativas de ley por el segundo y éste reforma leyes -como la electoral- a imagen y semejanza de los partidos políticos o la tipificación de variados derechos sociales o llamados de tercera o cuarta generación, pero sin proveer al Estado y al Ejecutivo Federal de las herramientas y recursos suficientes para hacerlos realidad.

Por ende, se requiere de una nueva relación entre el congreso y el ejecutivo federal que redunde en una mayor y mejor cooperación, a través de coaliciones gobernantes -permanentes y estables- que abarque a ambos poderes. Algunas de las figuras político-jurídicas que pueden y deben coadyuvar a ello son la creación de un jefe de gabinete o de gobierno, nombrado por la coalición gobernante; la ratificación de ciertos secretarios de estado, la segunda vuelta electoral en la elección presidencial, la iniciativa preferente y, desde luego, la profesionalización y rendición de cuentas de los legisladores, vía reelección legislativa y la acotación del fuero constitucional.

En lo que respecta a la política fiscal de estado, ésta se vuelve apremiante en la medida que los retos que enfrenta el Estado Mexicano en relación a los marcados índices de pobreza y desigualdad social son cada vez más lacerantes, que, si no son abordados como asuntos prioritarios nuestro sistema democrático se volverá frágil e inoperante, la gobernabilidad se verá amenazada. Estudios de cultura política nos indican claramente las tendencias de la población de preferir regímenes no democráticos mientras le sean atendidos y resueltos sus problemas. Esta situación se tiene que prever y hacer del Estado un ente socialmente responsable

Si de estado fallido tendríamos que hablar -aunque su caracterización nos pueda parecer exagerada- nos tendríamos que referir precisamente a los problemas de la seguridad pública y nacional, sino más bien y sobre todo en el ámbito social; al no contar con las políticas públicas acertadas o lo suficientemente eficaces para disminuir sustancialmente la pobreza y los grados de desigualdad social. Pero esto no va ser posible lograrlo mientras contemos con un Estado fiscalmente pobre y que un 40 por ciento de su presupuesto anual se constituye de los recursos petroleros; además, de que año con año la deuda pública sigue siendo un instrumento que se utiliza por parte del Congreso de la Unión para paliar la insuficiencia presupuestal. Tenemos que voltear los ojos hacia otras latitudes, vgr. Europa, donde ciertos países están atrapados entre sus altos endeudamientos y sus responsabilidades de cumplir con sus extensos sistemas de seguridad social y de pensiones.

Preocupa de sobre manera, que en estos tiempos electorales todos los candidatos a puestos de elección popular, incluyendo los candidatos a la presidencia de la república, de forma irresponsable ofertan una infinidad de bienes y servicios a los electores sin especificar ni comprometerse con las fuentes de financiamiento para hacerlos realidad. Y ya instalados en el poder nadie se quiere hacer responsable de la aprobación y aplicación de una política fiscal de gran calado, que redunde en un Estado fiscalmente fuerte y eficaz para atender las prioridades nacionales.

Si la actual legislatura no abona en este sentido, tendrá que ser la próxima legislatura con la nueva Presidencia de la República, las que adopten y pacten las reformas correspondientes para concretar estas dos asignaturas pendientes y urgentes de la reforma del estado: la del régimen político y la del régimen fiscal.


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